Estoy observándome, como quien observa la tierra después de la lluvia.
Estoy soltándome de las letras, del espacio entre mi cuerpo y mis vicios.
Como cuando vi tus ojos por última vez,
y habían estado haciéndole el amor al desastre.
Y eran tus ojos cuando me estaba soltando: azules, entre el amor y el desastre.
Entonces me observo.
Recuerdo haber dicho que me iba a curar y no poder escribir ni una sola palabra luego.
Me iba a curar y me metí todo ese álcali en las córneas y las pupilas hasta ver algo similar al infierno.
El rostro que observo,
quemado
(con una bella cicatriz sobre la mejilla)
recuerda el ardor de ese infierno.
Piel muerta de belleza.
Piel del espanto y mi nombre,
esta condición del sacrificio que es parte de mi ruina;
la parte más escrita.
Pero, como dije, me estaba observando y pasó el cielo. Pasó la tierra después de la lluvia. Pasó el temblor de los vómitos.
Yo pasé.
Y el borde de tu cuerpo cortando la muerte.
Yo pasé.
Lejos de cualquier milagro.
Y el borde de la poesía cortando tu cuerpo.
Mi Yo pasó.
Quedaron los huesos.
Darío...
ResponderSuprimirgracias, te debo una puteada, de lo bueno que está esto
"Recuerdo haber dicho que me iba a curar y no poder escribir ni una sola palabra luego"
ResponderSuprimirPorque el "curarse" es tratar de suicidarse! Muy bueno Darío, extrañaba tus escritos.